Al parecer de vez en cuando todos somos invisibles a los ojos de alguien, ya sea porque nadie se dé cuenta de que tenemos un nuevo corte de pelo, o a nadie le interese que hemos perdido un poco de peso, o nadie intente acceder a la liga que se publica todos los días en el twitter de la gente con los pensamientos, tal vez exagerados e irracionales, de uno...
No por eso debemos pensar que no existimos, la invisibilidad depende de dos entes, el que no se deja ver y el que no quiere ver; pero si el primero de ellos nunca claudica al hecho de dejarse ver, un día u otro, el segundo de éstos comenzará a darse cuenta de que algo sucede, sea porque se lo comentan, o porque por sí mismo pueda abrir los ojos y comenzar a observar con detenimento...
Así me siento ahora, nadie me ve, y en ocasiones siento que nadie me escucha, pero no dejaré de gritar ni de escribir lo que se me de la gana en el momento en que se me de la gana.
Al final de cuentas esto no lo hago por rendirle cuentas a nadie ajeno a mi misma, y se que a la larga, cuando haya terminado mis metas o recupere la cordura y vuelva a ser la misma persona que hace algunos años, leeré estas notas para mi, con más optimismo que cualquier lector pueda sentir.
Pero por lo pronto, seguiré siendo invisible a los ojos de los demás, sin pensar en un reconocimiento que nunca vendrá, ese que tengo que empezar a dejar de buscar...
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